Cómo ligar donde menos te lo esperas

american pie

Los pubs y fiestas están sobrevalorados. En ocasiones, ligar en este tipo de eventos puede resultar mucho más complicado que en cualquier situación cotidiana. Aprender a sacarle partido aumentará nuestras posibilidades de éxito y nos ayudará a aprovechar más cada situación del día a día. Una mirada en la parada del bus o un lío inesperado de correas mientras paseas a tu perro se pueden convertir en tus nuevas tácticas de ligue diurnas.

El paseo de después de comer

pasear perro

Para bien y para mal, tu perro tiene que hacer sus necesidades cada día y tú eres el encargado de que no las haga bajo tu techo. Un par de paseos al día se convierten en la oportunidad perfecta para coincidir con alguien que esté en la misma situación que tú. Un lío de correas, un olisqueo entre los perros que comience una conversación o mismo una sonrisa cómplice al cruzaros cada día. Todo suena muy idílico y de película romántica de domingo, pero ¿por qué no? Al producirse un encuentro en apariencia casual, la naturalidad será vuestro ingrediente secreto para que lo siguiente sea un café entre paseo y paseo.

Sala de espera

No hay nada más aburrido y engorroso que tener que estar sentado, en un cuarto lleno de revistas viejas y gente igual de aburrida que tú. ¿Por qué no aprovecharlo? Si da la casualidad que al lado tuya o en un asiento cercano se sienta alguien de tu gusto, rompe el hielo con una conversación casual, seguramente agradecerá que le amenices la espera y, si también eres de su gusto, podéis terminar la conversación en el baño.

En el bus

guiño bus

Si eres de los que no tiene otra alternativa que viajar en transporte público esperando pacientemente cada día, qué mejor forma de aprovecharlo que echando un vistazo a lo que tienes alrededor. En una de esas panorámicas, alguna que otra mirada se cruzará con la tuya y es aquí donde lo practicado frente al espejo tiene que ponerse en práctica. Una sonrisa pícara, un acercamiento ‘improvisado’ al siguiente día, hasta que casualmente coincidís en el mismo asiento y eso propicia una conversación. ¿Poco probable? Prueba a hacerlo mañana…

Preguntando una dirección

Si tienes la suerte (o no) de vivir en una ciudad turística, encontrarte a extranjeros perdidos por sus calles es el pan de cada día. Evita que se vuelvan locos con sus mapas de dimensiones gigantes, acércate a ese rubio/rubia despampanante que te saca dos cabezas y muestra la amabilidad nacional para indicarle el camino. Si el tiempo te lo permite, puedes incluso compañarlo/a hasta el lugar en concreto. Quizás, le caes en gracia y como agradecimiento termináis tomando una cerveza y le enseñas otras cosas más íntimas de tu cultura.

Observando al vecino

ventana indiscreta

Jugando a la ‘ventana indiscreta’, tu balcón se convierte en tu gran mirilla hacia la ciudad. Pero no eres la única, algún que otro vecino/a también sabe de tu existencia y de vez en cuando os echáis alguna mirada mientras la taza de café y el cigarro os sirven de excusa para permanecer fuera. En este caso, la distancia física impide el acercamiento rápido, por lo que tenemos que ser más atrevidos. Un detalle  importante sería descubrir exactamente a qué portal y piso pertenece. ‘Vigilarlo’ hasta verlo salir puede interpretarse como los primeros indicios del acoso, por eso es fundamental la creatividad. Un avión de papel o escribir nuestro teléfono en una pizarra se convierten en alternativas que despertarán sin duda su interés.

 

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