Los alimentos afrodisíacos nos desvelan sus secretos

mordiendo esparrago

Durante años hemos convivido con una palabra que prometía aumentar el apetito sexual de quién la tomase y vivir un encuentro de lo más placentero. Hablamos de los afrodisíacos. Esos elementos que la naturaleza pone a tu disposición para que la lívido se te dispare mientras mantienes tu figura. Pero, ¿cuánta verdad se esconde detrás de todo esto? En Guía Separados sacamos la lupa para desvelar todos sus secretos.

lupa

Para comenzar, algo básico. Afrodisíaco: cualquier substancia que encienda la pasión y aumente el apetito sexual. Hasta aquí todo claro, pero ¿qué ocurre exactamente cuándo nos sentimos atraídos por otra persona? Nuestro organismo produce una substancia (para los más curiosos su nombre es feniletilamina), la misma que causa la sensación que conocemos como ‘amor’, lo que se traduce en falta de sueño, euforia o exaltación. Y aquí entran en juego los afrodisíacos. A alimentos como las ostras, mejillones o almejas se les atribuye la capacidad de liberar substancias como la testosterona o estrógenos (hormonas sexuales). Sin embargo, investigaciones científicas determinan que no existe una relación directa entre la estimulación del apetito sexual y tomar este tipo de alimentos. En resumen, comer una onza de chocolate afecta a tu lívido lo mismo que una mandarina.

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Es en este punto cuando nos planteamos una pregunta existencial. Si su efecto no repercute en nuestras sensaciones, ¿por qué todo ser vivo racional alguna vez en su vida ha probado alguno? Curiosidad quizás, la naturaleza humana que le gusta investigar o posiblemente una buena campaña de marketing. Vamos a dejar que los especialistas se expliquen. Según ellos, se trata de un problema de enfoque. Afirman que los alimentos afrodisíacos no existen, sino aquellos que poseen formas que nos recuerden a los órganos genitales o se puedan comer de una forma erótica y sensual.

comer platano

Un claro ejemplo (antes nombrado) son las almejas y las ostras. Ambas estimulan el apetito sexual mayoritariamente por su olor, el cual evoca al genital femenino y a su sudor, lo que afecta muy positivamente a tu lívido. Tampoco pueden faltar alimentos como los plátanos o espárragos, cuya forma fálica deja mucho a la imaginación.

Hasta el momento, los únicos afrodisíacos que salvan los científicos son aquellos producidos por el propio cuerpo humano: las feromonas. O lo que viene a ser lo mismo, esas señales de olor que tu cuerpo envía para que los de tu alrededor sepan de tu alto apetito sexual del momento. La sabia naturaleza nunca dejará de sorprendernos.

 

 

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